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Dormitorios y televisores

Posted in Uncategorized by Olivia on the July 19th, 2007

Hace pocos días, mi hermana me manifestó su intención de llevar un televisor a nuestro dormitorio. Yo fruncí el ceño y ello me miró. Felizmente era una broma y Felizmente era muy difícil conseguir un nuevo aparato (sólo tenemos uno en nuestra sala). En base a este detalle, me puse a pensar en la conveniencia de este reproductor de imágenes en el lugar más íntimo de nuestras casas. Y descubrí un tema importante, tanto para nuestra vida estudiantil como para nuestro desarrollo personal. Es un asunto que está directamente relacionado a la forma cómo utilizamos los espacios de nuestro inmueble y cómo cada zona tiene características particulares y diferenciadas. 

¿Televisor en el dormitorio? Para empezar, éste es el ambiente donde dormimos y descansamos del cansancio diario. Cuántos de nosotros no imaginamos nuestras camas tendidas, listas para echarnos, mientras llegamos a nuestras viviendas en altas horas de la noche, cuando el sueño apremia. Pues bien, con frecuencia relacionamos nuestras habitaciones con la intimidad (no sólo me refiero al sexo, sino al área personal) y con el sosiego. Es la parte menos expuesta a los juicios de quienes nos visitan. Es la menos visible. Tal vez por ello, muchas veces, la descuidamos y mantenemos en un orden que “sólo yo me entiendo”. Sin embargo, esto sólo es una arista del tema. La otra es
la TV. 

Sobre la ubicación de este aparato no es necesario decir mucho. Todos sabemos que abundan en los lugares más públicos de las casas. Y que tienen determinada función. Mejor me ahorro letras y voy al fondo: ¿Vale la pena llevar el carácter distractor de sus imágenes al pie de nuestras camas? ¿Qué efecto puede tener en nuestra salud su influencia emocional y carácter sensible? Desde el punto de vista de la contaminación ambiental, es muy nocivo hacernos de una TV en el mismo lugar donde reposamos, pues llena nuestros cuerpos de intensos campos electromagnéticos, sobre todo cuando yacemos estirados o cerca del aparato (usualmente se halla al extremo de las camas). Pero incluso cuando lo apagamos (y es aparentemente inofensivo), las zonas eléctricas continúan circundando en el ambiente. 

Por otro lado, las investigaciones científicas realizadas por
la Universidad de Johns Hopkins (EE.UU.) han demostrado una relación entre el bajo rendimiento académico de los niños y la presencia de televisores en sus dormitorios. También esto guarda correspondencia con la adquisición de conductas patológicas y trastornos comportamentales. En contraste con ello, se concluyó que los menores que usan computadoras en sus habitaciones tienen menos problemas que sus análogos televidentes. Esto último lo interpreto haciendo una distinción entre quien ve imágenes (TV) –pasivo, emocional y netamente visual y quien interactúa con palabras e imágenes (PC) –activo, emocional y racional y verbovisual-. Tiene que ver con la misma naturaleza de las herramientas. 

Expuestos los argumentos, sólo me queda invitarlos a la reflexión: ¿Están quedando espacios para la soledad? ¿En qué zona de nuestros hogares nos sentimos en intimidad con nosotros mismos? ¿Es realmente necesaria la televisión en nuestros dormitorios? ¿Qué tipo de contacto estamos perdiendo con quienes queremos? Suerte.

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